Siempre nos quedará el resto de los veranos.

domingo, 30 de enero de 2011

Lenguaje, DESCRIPCIÓN LITERARIA.

Una tarde lluviosa de Diciembre de 1864, Amanda lloraba por la muerte de su pequeño hijo. Ella se encontraba con su marido junto a la tumba del pequeño que había fallecido hace un año.
Ese día Amanda seguía guardando luto por su hijo Andrés. Vestía de un negro como la tinta que corría por sus mejillas rosadas bajo unos ojos grandes y azules que tapaban un velo con el que quería ocultar su tristeza. A parte de su mirada penetrante, también resaltaba de ella sus labios finos y rosados. Era una mujer hermosa como la seda, de cabellos dorados y de piel blanquecina, la cual parecía que cubría con polvos de talco. Se notaba que era una mujer inteligente, bella y esbelta, que pertenecía a una gran familia. Ella lucía una cadena colgada de su estrecho cuello, en esta cadena se encontraba una foto de su pequeño.
Amanda había tenido mucha suerte en la vida al conocer a Roberto, su marido y padre de su hijo, el cual estaba a su lado y la rodeaba con sus grandes y fuertes brazos. Un gran hombre de negocios que presentaba una muy buena planta. Él quería mucho a su mujer y por el amor hacia su hijo guardaba rencor junto a ella.
Roberto vestía al igual que su mujer con traje negro. Era un hombre alto y corpulento. De tez blanquecina y pelo negro. Sus ojos representaban la ira por Andrés, y su mirada oscura como las nubes que cubrían el cielo gris de aquella tarde, miraba con rabia una foto de su hijo que tenía en la billetera. En esa fotografía se ve que Andrés había sido un niño feliz durante su infancia. Era un niño hermoso que una gran sonrisa cubría su pequeña y redonda cara. Su nariz era chata y un poco respingona. Andrés tenía mezcla de su padre y de su madre, la belleza la sacó de su madre, un niño de ojos expresivos y claros como el cielo azul de los veranos y su piel blanquecina, sus labios pequeños y rosados al igual que su madre. El respeto y la forma de actuar la había sacado de su padre, era un muchacho cariñoso, que quería mucho a sus padres y los respetaba. Andrés también tenía el cabello oscuro como su padre el cual lo peinaba con la raya al lado izquierdo.
Amanda y Roberto llevaban un año sin su hijo y la tristeza y la rabia permanecía con ellos, pero eso no les quitó la gran belleza que mostraban.

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