Siempre nos quedará el resto de los veranos.

domingo, 6 de febrero de 2011

Lenguaje, diálogo:"¿Y tú quién eres?"

Día 13 de Mayo del año 2011.
Me llamo Natalia y tal día como hoy cumplo mis 15 años.
Llevaba semanas ansiosa esperando este día, pensando en como sería y como me lo pasaría en dicha fecha.
Bueno pues el día comenzaba, me levanté, fui a la cocina y encima de la mesa encontré una nota de mi madre que decía: “Felicidades cariño, te espero para que comamos  juntas”. Ya sabéis como son las madres con estas cosas, así que yo sin ganas de desayunar, cogí una tostada que preparó mi padre antes de marcharse a trabajar, en la que con mermelada ponía: “¡Felicidades!”.
Cuando llegué al instituto mis amigos me felicitaron y dijeron las típicas frases bromistas como: ¡Ay que mayor!, o ¡pero que vieja estás!
La mañana se me estaba haciendo eterna, ya que era mi cumpleaños y tenía ganas de fiesta y pocos estudios y charlitas de los profesores explicando la lección del día. Así que en cuanto dieron las 14:00 horas, salí corriendo hacia el restaurante en el que había quedado con mi madre. Cuando llegué me senté a esperar a mi madre y me puse a pensar en que este cumpleaños era el peor que había pasado ya que mi padre estaba de viaje y no podía pasar el día con él, y justo en ese momento apareció algo como un fantasma el cual quiso enseñarme mi futuro, justo treinta años después. Llegué a una casa en la que me encontraba con mi marido y mis hijos. Yo entré y le dije a mi otro yo:
-- ¿Quiénes son esas personas que están contigo?
-- Tus hijos, Carlota y Marcos, y ese de ahí es tu marido Luis y también compañero tuyo del instituto, lleváis exactamente treinta años juntos, dijo mi yo del futuro.
-- ¿Quieres decir que tengo 45 años y que justo el día de mi quinceavo cumpleaños Luis, el chico del que llevo toda la vida enamorada, me pidió salir?
-- Sí, asintió ella. No es que pasaste, quiero decir pasé, una mañana muy buena el 13 de Mayo de 2011, pero lo mejor venía después.
-- Ah....., dije con cara de asombro.
Ella se marchó con los demás, pero la paré y le dije:
-- ¿Mis padres? ¿Qué es de ellos? ¿Están bien?
Ella con cara preocupada me contestó:
-- Bien. Gracias a Dios bien.
-- ¿Por qué gracias a Dios?, pregunté.
-- Hace dos semanas que partieron a Benidorm, a tomarse unas vacaciones, y de vuelta hacia aquí, sufrieron accidente, pero están bien.
Las dos nos quedamos calladas y ella al ver al amiguito que me acompañaba dijo:
-- Ya veo que has conocido a Augusto.
-- ¿Quién? ¿Ese personajillo que me ha traído hasta aquí?
-- Sí, el mismo.
-- ¿Y de qué lo conoces?, pregunté.
-- Yo misma le di la orden para que te trajese hasta aquí. Para que vises que tu cumpleaños no es peor a medida que pasan los años. Que aunque hayas pasado una mañana mala no quiere decir que la tarde también lo sea. Pero bueno, creo que ya  es hora de volver a tu presente, me contestó mi yo.
Yo pensé que habían pasado unas horas, pero fueron unos pocos minutos cuando desperté y llegó mi madre al restaurante.
Este día no comenzó con buen pie, pero fue el mejor cumpleaños de mi vida, en el que Luis fue mi mejor regalo, un sueño hecho realidad.

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