Érase una vez una pequeña niña llamada Matilda, la cual se sentía sola al no tener amigos. Pero no estaba tan sola, ya que ella siempre que podía se metía en un mundo. ¡Sí, sí, como lo oís!
Cuando Matilda llegaba del colegio a su pequeña casa a las afueras de Villarroya, cogía su libro de cuentos y se ponía a leer a la vez que se imaginaba un mundo en el que había seres diferentes a ella, también se encontraba un joven muy hermoso que era dueño de todo eso.
Matilda todas las noches soñaba con un mundo como ese, pensaba en vivir una vida así, pero al día siguiente todo era igual.
Una tarde, Matilda después de terminar los deberes quería merendar, así que fue a la cocina. La niña se quedó perpleja al ver que en su cocina había una pareja de animalillos cogiendo comida, y… ¡que estaban hablando! .Éstos al verla, traspasaron la pared y se marcharon. Matilda al ver eso se quedó más asombrada de lo que estaba.
Pasaron unos días y Matilda apenas probaba bocado al pensar en esos animalillos. Su madre la Sr. Lourdes se preguntaba que le pasaba y ésta se lo contó, pero la trató como a una pirada que se imaginaba cosas imposibles. Matilda al oír eso de su madre se enfadó con ella e intentó marcharse por donde vio a los animalillos. Cerró los ojos y apareció en un lugar como el de su cuento, pero ella no era no era la misma ya que apareció más adulta, se encontraba en un valle en el que tenía diecisiete años.
Era precioso, aunque un poco húmedo y frío. Un hada, al verla la recibió y le presentó a su hermanos, los animalillos que vio en su cocina, que tenía una mezcla entre conejo y dragón. El hada se llamaba Pervinca y le contó que estaba en Valle Perdido pero que eso ya no era lo que fue antes, ya que la bruja Daría tenía secuestrado al príncipe Fabián, dueño de todo eso.
Pervinca le pidió su ayuda a Matilda, ya que ella era la clave para salvar al joven Fabián. Matilda al oír eso se sorprendió y preguntó por qué era la clave. Pervinca no se lo podía creer, y le contestó que sólo lo podía salvar ella ya que era la hija de Daría. Y la otra seguía que no se lo creía y no sabía dónde se encontraba.
El hada al verla así le contó todo lo que había pasado en su ausencia. Matilda cuando nació, su padre la comprometió a casarse en un futuro con el príncipe Fabián. Ella era una niña muy feliz hasta que su madre, la bruja Daría, mató a su esposo para quedarse con su herencia. Así que cuando ocurrió eso llevaron a Matilda junto a Lourdes, la madre de su futuro esposo, que huyó porque pensó que su hijo había muerto.
La joven al comprender todo eso, marchó a casa de su madre y le suplicó que soltase a Fabián, ésta lo hizo, pero Matilda le pidió otro favor, que deshiciera el hechizo al que condenó a Valle Perdido y que ella volviese a ser la persona que era cuando se casó con su padre. Daría, al ver a su hija de esa manera no le quedó otra que hacerle caso. Entonces el valle volvió a florecer, pero Daría murió porque una vez hecho el conjuro no lo podía deshacer.
Matilda estaba triste, pero al momento apareció Lourdes y le animó, y le pidió que le perdonase por no hacerle caso, pero no quería perder a otra hija. De repente vino Fabián y Lourdes al verlo no se lo creía y se emocionó.
Pervinca interrumpió ese momento diciendo que los jóvenes debían de cumplir lo acordado, casarse, pero si ellos querían. Matilda y Fabián se fijaron el uno en el otro desde el primer momento en que se vieron. Entonces Fabián se arrodilló y le pidió mano a Matilda. Y fueron felices y comieron perdices.
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